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La mujer gitana

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Históricamente la mujer gitana

Históricamente la mujer gitana se ha tenido que enfrentar a dos retos importantes: de un lado, su rol (tradicionalmente asignado pero complaciente y naturalmente asumido) dentro de la propia comunidad gitana como responsable transmisora de los valores, costumbres y tradiciones gitanas, teniendo a su cargo el cuidado del esposo, hijos y hermanos y, además, contribuyendo con su esfuerzo y trabajo fuera de la casa al sostén y desarrollo de su familia, de otro, sus deseos de alcanzar y desempeñar un estatus dentro de la sociedad a la que también pertenece.

Pasado ya el largo periodo de leyes y persecuciones contra los gitanos, hace ya algunas décadas –desde la llegada de la democracia a España –y con el surgimiento del movimiento asociativo gitano –finales de los años ochenta, principios de los noventa -, las mujeres gitanas luchaban por desterrara la imagen negativa que la sociedad ha mantenido de ellas a través de la Historia, no queriendo ver o admitir la razón de ser de los trabajos que se veían en la necesidad de ejercer: seductoras, bailarinas, curanderas, vendedoras, quirománticas, etc. Necesidad cotidiana por hechos como: imposibilidad de acceso a otros trabajos (baja cualificación y formación), impedimentos sociales pero necesidades vitales que cubrir: supervivencia de su propia familia (máxime en momentos de persecución).

A finales del siglo XIX y durante el XX la mujer gitana, debido al interés y desarrollo que sufre el flamenco, empieza a destacar en este arte del cante y del baile, fijándose en ella pintores, escritores, músicos,…, de renombre: García Lorca, Falla, Romero de Torres, …; así, entre otros muchos, destacan nombres como Mercedes Fernández Vargas “la Serneta”, Soledad la del Juanelo, la Fandita, Anilla la de Ronda (que actuó ante la reina Victoria Eugenia), Anilla Amaya, la Paquera de Jerez, etc.

Actualmente también son muchas la mujeres gitanas que destacan por su arte o buen hacer.

Así pues, es un hecho que la cultura gitana se ha mantenido viva gracias a la gran aportación de la mujer gitana, como transmisora de la propia comunidad gitana y como embajadora dentro de la sociedad paya.

EL PAPEL DE MUJER GITANA

La mujer gitana dentro de su cultura realiza un papel muy importante, siendo ella la trasmisora de los valores y tradiciones pero al mismo tiempo sufre una doble discriminación, por ser mujer y por ser gitana.

Dentro de una sociedad eminentemente patriarcal, adaptándose y respondiendo a la dualidad: Sumisión/protección: sumisión respetuosa y silenciada, con honor y dignidad hacia el varón (padre o hermano) y en conformidad con lo que el grupo espera de ellas y que tienen interiorizado; proteccionismo, lo que provoca en ella sentimientos y reacciones en muchos casos contradictorios y enfrentados.

Así pues, sumisión, trabajo y honor son cualidades y valores propios de la mujer gitana que tradicionalmente así le han sido transmitidos y que actualmente están siendo adaptados -porque la sociedad ha cambiado mucho-; aunque aún muchas mujeres gitanas se resisten a adaptar a su vida otras perspectivas más acordes al momento y diferentes a las que el clan le ha asignado.

El rol de la mujer gitana y a modo de resumen se puede decir que:

La mujer gitana se define en función de los demás.
La actividad doméstica y el trabajo para ganar dinero es prioritario para ella.

Sus relaciones afectivas están básicamente centradas en su familia.

Sus cualidades y atributos son y deben ser típicamente femeninos.

Aunque tradicionalmente no ha sido así, actualmente las relaciones con el exogrupo (grupo de personas diferentes a su grupo de referencia gitano) empiezan a aumentar.

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